Namibia, país de contrastes

Development Aid People to People Namibia (DAPP) lleva trabajando en este país desde 1990, implementando proyectos relacionados con el VIH/SIDA, la tuberculosis, la malaria, las enfermedades prevenibles en los niños, el medio ambiente, los huérfanos y los niños vulnerables, el desarrollo comunitario y la movilización de la comunidad. Durante 2010 he tenido la oportunidad de visitar Namibia y conocer la labor de DAPP, una de las contrapartes de HUMANAen África. El objetivo del viaje era trabajar codo con codo con DAPP en la propuesta de un nuevo proyecto para la Unión Europea.

Namibia es un país de contrastes. La capital es impresionante, bien desarrollada y llena de industrias, edificios altos y calles llenas de automóviles modernos; por el contrario, existen aldeas rurales en las que la gente vive en chozas de madera y paja, vive de la tierra y no tiene agua corriente. A pesar de que hay carreteras bien conectadas y pavimentadas entre las principales ciudades, también aparecen pistas de arena en las zonas rurales que comunican los pueblos sin señales que indiquen el camino. Existen ciudades ricas, con encanto, donde gente que va bien vestida y conduce grandes coches, encuentra niños descalzos y hambrientos que piden limosna en las salidas de los supermercados.

Las personas que tuve la oportunidad de conocer durante el viaje viven en las zonas rurales, sin aseos ni agua corriente, luchando por alimentar a sus familias. En todas nuestras visitas me llamó la atención la calidez, el respeto y el interés por nuestras propuestas de estas personas. Todos se esforzaron en ofrecernos lo que podían: alimentos, bebidas, información, o una zona de sombra para sentarse. Todos eran conscientes de su capacidad para vivir mejor y todos, desde niños pequeños hasta abuelas de noventa años, se mostraron entusiasmados con el hecho de poder colaborar con DAPP para construir un futuro mejor para ellos y para sus familias.

Me fui del país sorprendida por los contrastes que vi: la riqueza y la pobreza, el superávit y el déficit. Aunque el recuerdo que siempre me acompañará será el de la belleza del espíritu del pueblo, su compasión y generosidad. Tal vez este sea, más allá de los caminos sin pavimentar y los niños descalzos, el auténtico tesoro de Namibia que, con el tiempo, logrará borrar estos contrastes.

Liz Chiappa

Departamento de Proyectos Barcelona

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