Hombro con hombro

HUMANA_DIA DEL COOPERANTE

Según la Agencia Española para la Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) ‘un cooperante es un profesional que trabaja en un país en desarrollo, tanto en el ámbito del desarrollo como de la ayuda humanitaria, al servicio de una entidad promotora de la cooperación internacional’.

Por su parte, ‘una entidad promotora de la cooperación o de la ayuda humanitaria es toda aquella persona, física o jurídica, pública o privada, que organice, impulse, desarrolle o ejecute acciones de cooperación para el desarrollo o humanitarias en países que el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE define como tales, así como cualquier otro país donde se declare una situación de emergencia humanitaria, con independencia de la financiación, pública o privada, de esos proyectos’.

En la actualidad, alrededor de 3.000 españoles trabajan como cooperantes en países en desarrollo, según la AECID. El perfil del cooperante responde al de una mujer, madrileña, de más de 35 años, que trabaja en una ONGD en el África Subsahariana.

8 de septiembre

DÍA DEL COOPERANTE

cooperar, colaborar, construir, compartir, trabajar. HOMBRO CON HOMBRO

 

 

África además de cara tiene alma (y III)

Al final de mi aventura en Zambia acabé convencida de que he conocido a personas realmente inteligentes, con capacidad, y que lograrán hacer grandes cosas en su vida. Personas generosas que anteponen el tú al yo en todo momento, que están dispuestas a entregar todo lo poco que tienen; personas orgullosas de su país; personas amables, sonrientes y alegres; personas que valen muchísimo: personas magníficas, pero que verdaderamente necesitan un ambiente que les acompañe y en el que puedan vivir y realizarse.

Necesitan imperiosamente oportunidades que les sigan proporcionando alicientes, incentivos y fuerzas suficientes para seguir adelante con sus expectativas de progreso y sus sueños.

Esto último es lo único que me entristecía un poco cuando se iba acercando la hora de partir, de regresar a Europa, al “otro mundo”, porque realmente lo es, es un mundo diferente al de mis amigos de Ndola. Pues las opciones que ellos tienen de medrar en la vida son increíblemente limitadas en comparación con las que nosotros tenemos aquí. Ello suscitaba en mí el temor a que ese entusiasmo por hacer cualquier cosa, lo que sea…,  ése que les sobra a aquellos jóvenes que acaban la educación secundaria gracias al esfuerzo de sus familias, se convierta un día en frustración y desánimo, y al final, desidia por la vida… como me parecía atisbar claramente en la cara de los bebedores de las cantinas que también encontrábamos casi en cada esquina…

De hecho, en general la figura más triste del hogar era la del padre porque pocas madres de los 80 grupos de apoyo que asistíamos (solían estar formados mayoritariamente por mujeres) tenían unos maridos dignos… Los demás se emborrachaban, habían muerto,  o se habían ido de casa. La falta de la  figura paterna en las familias marcaba bastante a los niños.

En cuanto a la riqueza y diversidad tanto natural como cultural de Zambia, no se me pueden olvidar las dos semanas excepcionales que pasamos en la Provincia del Sur, concretamente en Kalomo y Livingston, visitando el proyecto ‘Farmer Club’, de Humana, y las cataratas Victoria, respectivamente.

Para terminar, sé que la experiencia me ha aportado mucho más de lo que puedo llegar a describir. Aún es muy pronto para conocer el calado real que han tenido en mí las situaciones, las conversaciones y las vivencias en general… aunque si me tuviera que quedar con algunas palabras que consiguieran expresarlo, más podrían ser prudencia, fortaleza, templanza y esperanza. Por mi parte… no sé qué he podido aportar. Quizás, cercanía y compromiso.

El regreso a España trato de llevarlo con filosofía… al principio sentí mucha alegría por el encuentro con la familia y con los amigos; sin embargo, durante los días siguientes va creciendo el sentimiento de tristeza por las personas que has dejado de ver y las tareas que has dejado de desempeñar… Los días pasan y te das cuenta de que todo aquello que no te gustaba de tu cultura se hace a cada momento más insoportable y sin sentido. Pero todo esto está en una constante lucha interior, procurando buscar también lo positivo, con la emoción de haber aprendido a vivir de otro modo y de poder aportar algo al cambio de ese sin sentido.

La experiencia como cooperante en África con Humana me ha dado esas energías y fuerzas tan necesarias para insistir en la axiología de los inquietos y los soñadores… y, desde ese punto de vista, es una experiencia que le recomiendo a todo el mundo.

Tampoco puedo dejar de mencionar aquí lo agradecida que estoy a todas las personas (compañeros, miembros de grupos de apoyo y de clubes juveniles) que nos invitaron a pasar a sus casas en Ndola (provincia Central) y en Kalomo (provincia del Sur), que a veces hasta cocinaron para nosotros, deseosos de que conociéramos su modo de vivir junto a sus familias. Nos ofrecieron lo mejor que tenían  y nos dedicaron su tiempo como si fuéramos alguien especial…

…desearía que algún día pudiéramos recibirles de la misma manera entre nosotros.

Fina Cabrera

Cooperante

África además de cara tiene alma (II)

Cada una de las tareas que realizamos en Zambia (talleres de educación sociocultural en escuelas y clubes juveniles, de acciones generadoras de ingresos en grupos de apoyo para adultos, etc.,) me llegaron al corazón por algo especial en cada caso: todo tenía un sentido y además podías disfrutarlo más intensamente porque teníamos tiempo para compartir con los demás. Las actividades con los niños y los jóvenes fueron especiales por las ganas que tenían de estar con nosotros.

Los clubes juveniles tienen una voluntad enorme de mejorar su comunidadescriben e interpretan obritas de teatro didáctico sobre cualquier historia que instruya en higiene y salud, en prevención de contagios por VIH/SIDA, en igualdad de género, etc. ¡Aquí me di cuenta que con ilusión todo acaba saliendo bien! Además, todos tienen fascinantes aptitudes musicales… ¡desde que nacen hasta que mueren viven cantando y bailando con una facilidad y soltura admirables!

Los maestros y los médicos o enfermeros lo son realmente por vocación… especialmente los que enseñan y atienden a pacientes, respectivamente en escuelas y clínicas comunitarias… que son mantenidos por la comunidad exclusivamente.

Los líderes de los grupos de apoyo para afectados e infectados de VIH/SIDA con los que trabajamos diariamente durante mi estancia son personas voluntariosas y luchadoras, que quieren despertar en el resto el mismo sentimiento de lucha por acabar con la insalubridad y la enfermedad que les rodea. Ellos me ayudaron en la movilización de los grupos para aprender a fabricar jabón casero, por ejemplo, así como a la hora de cumplimentar formularios de solicitud de subvenciones o micro-créditos para asociaciones de mujeres que presentasen propuestas de proyectos de negocios a pequeña escala, etc.

Nosotros mismos, los voluntarios, disfrutábamos muchísimo porque todo les parecía bien, cuando estaban atentos y esperando la reunión siguiente, y porque creo que conseguimos transmitirles algunas ideas básicas muy importantes: El considerarse responsables de la propia vida, la confianza en sus capacidades y recursos, el procurar hacer valer las iniciativas propias, compartir ideas y conocimientos, aunar esfuerzos para hacerse fuertes y poder así actuar con más probabilidades de éxito, por una vida mejor y más digna para ellos mismos y sus hijos, y por la prosperidad de su pueblo y de su país.

Además de todo lo que pude ir observando, tanto en el tiempo de ocio como en el de trabajo, personalmente disfruté en especial porque empecé a compartir muchas cosas con mis compañeros voluntarios ndoleños. Comprendí que tenemos muchas más cosas en común de lo que creía y que estamos mucho más cerca de ellos de lo que pensaba. ¡Su familia es lo primero…, aunque aprecié que están más unidos, demuestran que se quieren y se admiran! ¡Qué bonito es ver como se cuidan y como hablan unos de otros!

Fina Cabrera

Cooperante

África además de cara tiene alma (I)

Cuando escuchamos la frase ‘África es así’ solemos pensar exclusivamente en un aspecto del continente, el basado en tópicos de indolencia, falta de interés en las cosas, dificultad para vivir juntos y conseguir y compartir medios… Yo, realmente, he regresado de Zambia con una idea totalmente diferente y me gustaría conseguir que contándoos mi experiencia esta frase os sugiera otras cosas, que os evoque el lado maravilloso de ese gran continente. Me he dado cuenta de que he descubierto que África además de cara tiene alma.

En estos seis meses que he tenido la suerte de pasar en Zambia como cooperante del proyecto de Hope Humana en Ndola, he sentido la esperanza en cada una de las personas que he conocido y he sido contagiada por la alegría que transmiten todas ellas.

La gran satisfacción para mí ha sido, por un lado, poder compartir cada uno de los días muy de cerca con voluntarios locales dispuestos a colaborar y luchar por tener un país mejor. Gracias a ellos, a los “outreachers”(quienes llegan a las comunidades) y a maestros tan vocacionales como los de escuelas comunitarias -que no reciben sueldo alguno por parte del Estado-, tengo la esperanza y estoy convencida de que Zambia será un país mejor algún día.

Los primeros momentos en Zambia, en Ndola concretamente, fueron toda una aventura llena de nervios y de preguntas. ¡Nunca había estado en el África profunda! Olores, sonidos, sabores diferentes, el sentirse observado, las sonrisas por doquier… nos miraban, nos señalaban y decían con una mezcla de alegría y miedo: ‘Muzungu’ (hombre blanco).Era emocionante comprender que la ilusión de muchos niños y niñas era simplemente estar a nuestro lado, mirarnos, escucharnos, poner su brazo al lado del nuestro para ver el contraste de las pieles, tocarnos el pelo…necesitaban cariño y atención. Así de simple… Cada minuto del día recibíamos alguna sonrisa, oíamos nuestro nombre entre risitas, porque alguien te miraba o te tiraba de la mano…, todo esto nos sumergía en un ambiente en el que no existen las prisas, lleno de cariño y de paz.

Buena parte de estos niños a diario dedican mucho tiempo en ir a buscar agua con un bidón que pesa muchísimo. Algunos incluso con su hermano, de apenas unos meses, a la espalda, igual que hacen sus madres. Es como asistir, 60 años después, a las escenas de la infancia en Jaén de mis padres, que tantas veces les he oído contar: las pelotas y las cometas hechas con trapos y bolsas de basura; los coches de juguete de corcho y madera; los niños vendiendo lo primero que tenían; las casas de adobe apenas acabadas; los vendedores de carbón y de arena en la calle… Y todos sonriendo, cantando y bailando. ¡La falta de cosas la llenan con alegría!

En Ndola existen diferencias abismales entre las condiciones de vida de la población del núcleo urbano y las de la que se asienta en los llamados ‘compounds’, suburbios que carecen de planeamiento urbanístico alguno, de manera que el trazado de calles es caótico, al igual que el sistema de evacuación de aguas residuales. ‘Compounds’ en los que un reducido número de viviendas cuenta con electricidad o agua corriente, pero con un elevado porcentaje de individuos infectados por el VIH/SIDA en cada familia, así como un alto índice de mortalidad por enfermedades asociadas al mismo y el número ingente de huérfanos por esta causa.

Fina Cabrera

Cooperante