África además de cara tiene alma (II)

Cada una de las tareas que realizamos en Zambia (talleres de educación sociocultural en escuelas y clubes juveniles, de acciones generadoras de ingresos en grupos de apoyo para adultos, etc.,) me llegaron al corazón por algo especial en cada caso: todo tenía un sentido y además podías disfrutarlo más intensamente porque teníamos tiempo para compartir con los demás. Las actividades con los niños y los jóvenes fueron especiales por las ganas que tenían de estar con nosotros.

Los clubes juveniles tienen una voluntad enorme de mejorar su comunidadescriben e interpretan obritas de teatro didáctico sobre cualquier historia que instruya en higiene y salud, en prevención de contagios por VIH/SIDA, en igualdad de género, etc. ¡Aquí me di cuenta que con ilusión todo acaba saliendo bien! Además, todos tienen fascinantes aptitudes musicales… ¡desde que nacen hasta que mueren viven cantando y bailando con una facilidad y soltura admirables!

Los maestros y los médicos o enfermeros lo son realmente por vocación… especialmente los que enseñan y atienden a pacientes, respectivamente en escuelas y clínicas comunitarias… que son mantenidos por la comunidad exclusivamente.

Los líderes de los grupos de apoyo para afectados e infectados de VIH/SIDA con los que trabajamos diariamente durante mi estancia son personas voluntariosas y luchadoras, que quieren despertar en el resto el mismo sentimiento de lucha por acabar con la insalubridad y la enfermedad que les rodea. Ellos me ayudaron en la movilización de los grupos para aprender a fabricar jabón casero, por ejemplo, así como a la hora de cumplimentar formularios de solicitud de subvenciones o micro-créditos para asociaciones de mujeres que presentasen propuestas de proyectos de negocios a pequeña escala, etc.

Nosotros mismos, los voluntarios, disfrutábamos muchísimo porque todo les parecía bien, cuando estaban atentos y esperando la reunión siguiente, y porque creo que conseguimos transmitirles algunas ideas básicas muy importantes: El considerarse responsables de la propia vida, la confianza en sus capacidades y recursos, el procurar hacer valer las iniciativas propias, compartir ideas y conocimientos, aunar esfuerzos para hacerse fuertes y poder así actuar con más probabilidades de éxito, por una vida mejor y más digna para ellos mismos y sus hijos, y por la prosperidad de su pueblo y de su país.

Además de todo lo que pude ir observando, tanto en el tiempo de ocio como en el de trabajo, personalmente disfruté en especial porque empecé a compartir muchas cosas con mis compañeros voluntarios ndoleños. Comprendí que tenemos muchas más cosas en común de lo que creía y que estamos mucho más cerca de ellos de lo que pensaba. ¡Su familia es lo primero…, aunque aprecié que están más unidos, demuestran que se quieren y se admiran! ¡Qué bonito es ver como se cuidan y como hablan unos de otros!

Fina Cabrera

Cooperante

África además de cara tiene alma (I)

Cuando escuchamos la frase ‘África es así’ solemos pensar exclusivamente en un aspecto del continente, el basado en tópicos de indolencia, falta de interés en las cosas, dificultad para vivir juntos y conseguir y compartir medios… Yo, realmente, he regresado de Zambia con una idea totalmente diferente y me gustaría conseguir que contándoos mi experiencia esta frase os sugiera otras cosas, que os evoque el lado maravilloso de ese gran continente. Me he dado cuenta de que he descubierto que África además de cara tiene alma.

En estos seis meses que he tenido la suerte de pasar en Zambia como cooperante del proyecto de Hope Humana en Ndola, he sentido la esperanza en cada una de las personas que he conocido y he sido contagiada por la alegría que transmiten todas ellas.

La gran satisfacción para mí ha sido, por un lado, poder compartir cada uno de los días muy de cerca con voluntarios locales dispuestos a colaborar y luchar por tener un país mejor. Gracias a ellos, a los “outreachers”(quienes llegan a las comunidades) y a maestros tan vocacionales como los de escuelas comunitarias -que no reciben sueldo alguno por parte del Estado-, tengo la esperanza y estoy convencida de que Zambia será un país mejor algún día.

Los primeros momentos en Zambia, en Ndola concretamente, fueron toda una aventura llena de nervios y de preguntas. ¡Nunca había estado en el África profunda! Olores, sonidos, sabores diferentes, el sentirse observado, las sonrisas por doquier… nos miraban, nos señalaban y decían con una mezcla de alegría y miedo: ‘Muzungu’ (hombre blanco).Era emocionante comprender que la ilusión de muchos niños y niñas era simplemente estar a nuestro lado, mirarnos, escucharnos, poner su brazo al lado del nuestro para ver el contraste de las pieles, tocarnos el pelo…necesitaban cariño y atención. Así de simple… Cada minuto del día recibíamos alguna sonrisa, oíamos nuestro nombre entre risitas, porque alguien te miraba o te tiraba de la mano…, todo esto nos sumergía en un ambiente en el que no existen las prisas, lleno de cariño y de paz.

Buena parte de estos niños a diario dedican mucho tiempo en ir a buscar agua con un bidón que pesa muchísimo. Algunos incluso con su hermano, de apenas unos meses, a la espalda, igual que hacen sus madres. Es como asistir, 60 años después, a las escenas de la infancia en Jaén de mis padres, que tantas veces les he oído contar: las pelotas y las cometas hechas con trapos y bolsas de basura; los coches de juguete de corcho y madera; los niños vendiendo lo primero que tenían; las casas de adobe apenas acabadas; los vendedores de carbón y de arena en la calle… Y todos sonriendo, cantando y bailando. ¡La falta de cosas la llenan con alegría!

En Ndola existen diferencias abismales entre las condiciones de vida de la población del núcleo urbano y las de la que se asienta en los llamados ‘compounds’, suburbios que carecen de planeamiento urbanístico alguno, de manera que el trazado de calles es caótico, al igual que el sistema de evacuación de aguas residuales. ‘Compounds’ en los que un reducido número de viviendas cuenta con electricidad o agua corriente, pero con un elevado porcentaje de individuos infectados por el VIH/SIDA en cada familia, así como un alto índice de mortalidad por enfermedades asociadas al mismo y el número ingente de huérfanos por esta causa.

Fina Cabrera

Cooperante

La paradoja del gigante chino

La economía china es la de mayor expansión en el mundo, con una tasa de crecimiento promedio de 10% en los últimos 30 años. Entre 1981 y 2005, la tasa de pobreza disminuyó de un estimado 85% al 15%. Este esfuerzo sostenido del gobierno para mejorar las condiciones de vida ha dado lugar a la creación de 370 millones de empleos, ha permitido situar la esperanza de vida en 73,5 años y lograr una tasa de alfabetización del 94,2%.

Sin embargo, a pesar de estos avances, la pobreza sigue siendo generalizada, especialmente en las zonas rurales remotas habitadas por minorías étnicas. Cerca de 9,2% de la población rural en China vive por debajo de la línea de la pobreza en tanto que se ha producido un aumento en la desigualdad en ámbitos como la educación y la salud. Las personas pertenecientes a grupos minoritarios constituyen una parte desproporcionadamente grande de la pobreza absoluta en la China rural (80%).

Shalatuo, en el suroeste de China, cerca de la frontera con Tailandia, Laos y Birmania, es uno de los municipios más pobres de la provincia de Yunnan. Las deficientes condiciones de vida de los pueblos indígenas se ven limitadas por la falta de acceso a mercados y servicios y las duras condiciones ambientales. En marzo, el Departamento de Proyectos de Humana visitó el municipio de Shalatuo para conocer la situación del proyecto que se está llevando a cabo con el socio local Yunnan Instituto de Desarrollo.

El proyecto, financiado por la Unión Europea y de 42 meses de duración, trata de reducir la pobreza y favorecer el desarrollo sostenible de las comunidades a través de organizaciones de agricultores. Incluye a 3.000 familias que pertenecen a grupos minoritarios y que viven en zonas rurales, en aldeas montañosas de la provincia de Yunnan. Este proyecto aumentará la riqueza de las familias, mejorará la seguridad alimentaria, la gestión de la tierra y la agricultura sostenible, y la salud y la educación, incluyendo una mejor formación para los niños en edad preescolar.

A pesar de que el programa ha comenzado recientemente, ya ha movilizado a un buen número de agricultores, formado a maestros de educación primaria e iniciado la capacitación de agricultores. Además, la respuesta por parte de los beneficiarios está siendo excelente, al mostrar mucho interés y predisposición para participar en las acciones de capacitación previstas.

Liz Chiappa

Departamento de Proyectos

Guinea-Bissau, un sinfín de palabras

Mi primer viaje al auténtico mundo africano -y digo auténtico, porque mi experiencia africana se había limitado a unas vacaciones en Marruecos,- no podría definirlo con una única palabra.  Fuerza, emoción, belleza, valentía, admiración, alegría… serían solo algunas de ellas.

El objetivo principal de mi viaje era el seguimiento de los proyectos que Humana y ADPP-Guinea-Bissau están implementando en la zona, concretamente en Bissora, en la Región de Oio. Sin embargo, me monté en el avión con algún objetivo más: conocer y disfrutar; de la gente, del país, de su belleza y de su cultura. Y así fue.

Me llamó mucho la atención que todo gira en torno al comercio local. El centro de Bissau tiene muchísimo movimiento de personas, coches, bicicletas, pero no desde nuestra visión del Norte con grandes tiendas y supermercados, sino con infinidad de comerciantes ambulantes, con personas que se agolpan junto a los pequeños puestos y charlan, ríen, negocian. En la mayoría de los casos, esta actividad constituye su único medio de subsistencia.

Algo que disfruté muchísimo era el ir y venir diario. Cada mañana, en mi camino a la Escuela Profesional de Bissora -donde me reunía con el equipo de los proyectos para emprender las visitas- siempre me encontraba a alguna mujer con su pequeño y modesto puestito donde vendía pan o algún dulce elaborado en casa. De la misma forma, cada tarde, de vuelta a casa, pequeños grupos de niños y niñas acudían desde sus casas situadas al borde del camino a saludarme, ofreciéndome sus manos y sus brillantes sonrisas.

Pero como contrapunto a este amable escenario, pude comprobar in situ la deficiente situación del país, donde la cobertura de las necesidades básicas de la población -salud, educación, agua y saneamiento, habitabilidad básica, etc.- es insuficiente, casi inexistente. Es por esto que ADPP y Humana han considerado estos ámbitos del desarrollo como sectores de clave en los que actuar y ha puesto en marcha programas de formación profesional, ayuda a la infancia y agricultura, que en la actualidad abarcan a unas 5.700 familias.

Tuve la gran oportunidad de conocer a estudiantes y docentes de la Escuela Profesional; a agricultoras beneficiarias del proyecto de agricultura que trabajan con sus hijos a la espalda, que portan el balde de agua en sus cabezas; que venden sus productos en el mercado de los viernes, después de caminar 13 kilómetros con todo a cuestas; a familias vecinas;  y todos ellos, a pesar de las enormes dificultades, me transmitieron su entusiasmo, su motivación por mejorar sus condiciones de vida, y su fortaleza.

Marta Mansilla

Departamento de Proyectos

Namibia, país de contrastes

Development Aid People to People Namibia (DAPP) lleva trabajando en este país desde 1990, implementando proyectos relacionados con el VIH/SIDA, la tuberculosis, la malaria, las enfermedades prevenibles en los niños, el medio ambiente, los huérfanos y los niños vulnerables, el desarrollo comunitario y la movilización de la comunidad. Durante 2010 he tenido la oportunidad de visitar Namibia y conocer la labor de DAPP, una de las contrapartes de HUMANAen África. El objetivo del viaje era trabajar codo con codo con DAPP en la propuesta de un nuevo proyecto para la Unión Europea.

Namibia es un país de contrastes. La capital es impresionante, bien desarrollada y llena de industrias, edificios altos y calles llenas de automóviles modernos; por el contrario, existen aldeas rurales en las que la gente vive en chozas de madera y paja, vive de la tierra y no tiene agua corriente. A pesar de que hay carreteras bien conectadas y pavimentadas entre las principales ciudades, también aparecen pistas de arena en las zonas rurales que comunican los pueblos sin señales que indiquen el camino. Existen ciudades ricas, con encanto, donde gente que va bien vestida y conduce grandes coches, encuentra niños descalzos y hambrientos que piden limosna en las salidas de los supermercados.

Las personas que tuve la oportunidad de conocer durante el viaje viven en las zonas rurales, sin aseos ni agua corriente, luchando por alimentar a sus familias. En todas nuestras visitas me llamó la atención la calidez, el respeto y el interés por nuestras propuestas de estas personas. Todos se esforzaron en ofrecernos lo que podían: alimentos, bebidas, información, o una zona de sombra para sentarse. Todos eran conscientes de su capacidad para vivir mejor y todos, desde niños pequeños hasta abuelas de noventa años, se mostraron entusiasmados con el hecho de poder colaborar con DAPP para construir un futuro mejor para ellos y para sus familias.

Me fui del país sorprendida por los contrastes que vi: la riqueza y la pobreza, el superávit y el déficit. Aunque el recuerdo que siempre me acompañará será el de la belleza del espíritu del pueblo, su compasión y generosidad. Tal vez este sea, más allá de los caminos sin pavimentar y los niños descalzos, el auténtico tesoro de Namibia que, con el tiempo, logrará borrar estos contrastes.

Liz Chiappa

Departamento de Proyectos Barcelona