El alza del precio de los alimentos, clave de las hambrunas actuales

La situación desesperada que padecen millones de personas en los países del Sur es fruto en buena medida de dos elementos principales: por un lado, el alza del precio de los alimentos y, por otra, de las consecuencias que tienen los efectos del cambio climático sobre las cosechas. El incremento de los precios ha suscitado un importante debate sobre la influencia de la compra de tierras de cultivo en el hemisferio Sur por parte de las grandes multinacionales, con el fin de abastecer a los países del Norte, causando un grave perjuicio sobre la población local, limitando sus cultivos y, por ello, su acceso a alimentos de primera necesidad. De hecho, ciertos expertos consideran que la actual hambruna del Cuerno de África es consecuencia de las imposiciones que el FMI y el Banco Mundial hicieron a Somalia en la década de los ochenta, con el fin de que pagara su deuda externa: comenzar a exportar materias primas y alimentos, lo que provocó la llegada de grandes corporaciones, que se centraron en la producción para vender en los mercados internacionales, mucho más lucrativos, en detrimento del abastecimiento local.

Otra de las variables de esta compleja ecuación es el crecimiento imparable de los terrenos dedicados al cultivo de materias primas para la fabricación de biocombustibles. Esto supone una drástica reducción de la tierra fértil dedicada al cultivo de alimentos para el consumo humano, con todo lo que ello implica: desciende la oferta y, por tanto, sube el precio.

¿Indignado? No, avergonzado

Ayer tuvo lugar la final de un concurso-reality-circo televisivo basado en la ‘supervivencia’ en una isla de Honduras. Una de las ‘pruebas’ más duras a la que se han enfrentado los concursantes ha sido ‘la falta de alimentos’.

Al mismo tiempo, el canal 24 horas de TVE ofrecía nueva información sobre la situación desesperada que se vive en el Cuerno de África: a la hambruna se une ahora un recrudecimiento del conflicto armado. ‘La guerra vuelve a las calles de Mogadiscio‘, titula El Pais.

Comparando ambas imágenes, ayer sentí no esa indignación 15-M tan de moda, sino vergüenza. Vergüenza propia y ajena. En nuestro acomodado mundo hiperdesarrollado disfrutamos con programas de televisión en los que se banaliza la falta de alimentos y el hecho de ‘pasar hambre’. A unos miles de kilómetros, este hecho no es ninguna broma. Es una tragedia humana: un millón y medio personas están al borde de la muerte sólo en Kenya.

Denuncian los enviados de Naciones Unidas y los representantes de las ONG’s en la zona que no son capaces de dar abasto ante la avalancha de hombres, mujeres, niños y niñas que llegan a los campamentos de refugiados después de llevar 10 días sin ingerir alimento alguno. Por un momento he pensado lo que sería que mi niña de seis meses se enfrentara a algo tan terrible, y se me han saltado las lágrimas.

Basta ya de tanta indignación porque nuestro fabuloso tren de vida se ha visto amenazado y porque nos creamos merecedores de una democracia mejor. Es hora de actuar, ya.

¡Food for all!

Rubén González

Departamento de Comunicación