Se acaba la fiesta de la destrucción de textil invendido

Planta de Valorización de Residuos de Copenhill, en Dinamarca

El Anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados, aprobado ya por el Consejo de Ministros y en plena tramitación en el Congreso, recoge una importante novedad: a partir de su entrada en vigor quedará prohibida la destrucción de excedentes no vendidos de productos no perecederos tales como textiles, juguetes y aparatos eléctricos.

Recordemos que la ley tiene por objeto sentar los principios de la economía circular a través de la legislación básica en materia de residuos, así como contribuir a la lucha contra el cambio climático y proteger el medio marino.

La prohibición de eliminar excedentes es una novedosa medida en España, pero que ya funciona en países como Francia: a principios de 2020 el gobierno galo promulgó una ley para reducir el despilfarro e incentivar la economía circular que impide a las firmas de moda destruir los productos no vendidos.

¿Qué ha sucedido hasta el momento en distintas partes del mundo para que se empiece a legislar de este modo? Por ejemplo, en julio de 2018, Burberry reveló en su informe anual que había desechado ropa y complementos por valor de 34 millones de euros. Un año antes se conoció que H&M incineraba textil nuevo para producir energía. Es cierto que la firma aludió a que se trataban de prendas que no podían ser utilizadas por los consumidores. Es cierto también que el residuo textil post consumo que no puede ser reutilizado o reciclado puede destinarse a valorización energética, siguiendo la Jerarquía de Residuos de la UE.

En cualquier caso, parece que se acaba la fiesta de la incineración y destrucción de producto textil nuevo en aras de salvaguardar el valor de la marca o de cualquier otro factor eminentemente económico, por encima del social y ambiental.

Parece claro, por tanto, que la industria debe corregir el rumbo en este sentido, racionalizando su producción o desarrollando nuevas fórmulas como la producción bajo demanda. No obstante, el sistema nunca será perfecto y seguirán produciéndose desajustes entre oferta y demanda y, por tanto, continuarán acumulándose stocks.

Por ello, habrá que seguir insistiendo en la prolongación del ciclo de vida de las prendas, promoviendo nuevos canales de comercialización y consumo cuando los habituales no han permitido la rotación de los productos: aquí aparecen soluciones como el Programa Destocka de Humana.

Este Programa está ideado y destinado a las organizaciones que quieran deshacerse de sus stocks de una manera responsable y eficiente, accediendo además a importantes beneficios fiscales. El objetivo es lograr su máximo aprovechamiento para convertirlos en un recurso con fin social.

@RafaelMas

Director de Proyectos y Relaciones Externas