Mujeres y VIH

En julio viajé a Washington DC para asistir a la XIX International AIDS Conference, en la que participaron 23.767 personas de 183 países.

En el África subsahariana viven 23,5 millones de los 34 millones de personas que tienen VIH en el mundo. La mitad de todas ellas son mujeres mientras que el 76% de las seropositivas se encuentra en el África subsahariana. A nivel mundial, el VIH es la principal causa de muerte entre las mujeres en edad reproductiva.

Washington no es ajena al VIH. Hay 14.500 personas que viven con VIH o SIDA en DC. La tasa de infección de VIH entre mujeres heterosexuales afroamericanas en los barrios más pobres casi se ha duplicado en los últimos dos años, desde el 6,3% al 12,1%.

El ponente plenario de la jornada del miércoles 25 fue Linda Scruggs, una mujer afroamericana de Baltimore que ha sido VIH positiva durante 22 años. Scruggs argumentó que el enfoque en la investigación del VIH y la promoción se centra demasiado en los hombres. Ve asimismo una falta de liderazgo de las mujeres en su comunidad y en el ámbito nacional. Cree que las organizaciones internacionales encargadas de la lucha contra el SIDA deben tener un porcentaje mayor de mujeres.

En su discurso de apertura, Hillary Clinton, por su parte, dijo que las mujeres embarazadas con VIH deben recibir el tratamiento que necesitan para protegerse a sí mismas y a sus hijos: “Cuando las mujeres son identificadas como seropositivas y elegibles para el tratamiento, a menudo las mandan a otra clínica, que puede estar demasiado lejos de sus casas”, dijo Clinton. “Como resultado, demasiadas mujeres nunca comienzan el tratamiento.”

En general, las mujeres están en mayor riesgo de transmisión heterosexual de VIH. Biológicamente las mujeres tienen dos veces más probabilidades que los hombres de infectarse con VIH a través del coito heterosexual sin protección. En muchas ocasiones las mujeres no pueden decidir sobre el uso del condón y tienen más probabilidades de ser sometidas a relaciones sexuales no consentidas. El hecho de que son las mujeres las que dan a luz significa que tienen que lidiar con cuestiones como la transmisión de VIH de madre a hijo. La responsabilidad de cuidar a las personas enfermas con SIDA y a los huérfanos por culpa de esta enfermedad también tiene un mayor efecto en las mujeres.

Por todo ello, el impacto del VIH y el SIDA en las mujeres es un tema que debe permanecer en la vanguardia de la lucha contra la epidemia.

Más información  de los programas de lucha contra el VIH/SIDA de Humana en humana-spain.org.

Elizabeth Chippa

Departamento de Proyectos

Fotografía: Carolyn Kaster/AP

Fuentes consultadas:

http://abcnews.go.com/Health/AIDS/women-demand-aids-fight/story?id=16875699#.UGlw5VHELcc

http://www.unwomen.org/wp-content/uploads/2011/06/HLMonAIDS_KeyDataStatsOnGenderEqualityWomenAndHIVaids_20110606.pdf

http://www.unwomen.org/wp-content/uploads/2011/06/HLMonAIDS_KeyDataStatsOnGenderEqualityWomenAndHIVaids_20110606.pdf

http://www.washingtonpost.com/local/dc-women-with-hiv-the-new-face-of-the-citys-aids-epidemic/2012/07/23/gJQATCNK5W_story.html

http://blog.aids2012.org/post/The-Numbers.aspx

No hay cooperación sin derechos humanos

Si nos preguntamos si la cooperación al desarrollo y los derechos humanos constituyen dos líneas de trabajo que deben caminar juntas, todos responderemos afirmativamente. La cuestión clave sería cómo hacerlo de manera efectiva. Uno de los grandes avances ha sido la incorporación de los derechos humanos en el concepto de desarrollo y como eje transversal en las estrategias de este concepto. Esta nueva conceptualización implica un reconocimiento de la necesidad y una voluntad de cambio para que ambas líneas de acción puedan marchar unidas.

La perspectiva de género no puede desligarse de los derechos humanos. La aplicación del Enfoque Basado en Derechos Humanos –EBDH– en la Cooperación implica tener en cuenta los derechos de las mujeres y los principios básicos de participación, igualdad y no discriminación. Esto requiere al mismo tiempo un análisis de las relaciones de género (de poder y de subordinación de las mujeres) como principales factores de desigualdad, por un lado, y la inclusión y participación de las mujeres en todas las fases del desarrollo, por otro. Este es precisamente el paradigma que plantea el enfoque GED –Género en el Desarrollo-. Sólo así se conseguirá un análisis real de la situación de las mujeres que hará posible el diseño de estrategias adecuadas eficaces y sostenibles.

El EBDH está presente en las estrategias de desarrollo y en sus prioridades como eje transversal. Sin embargo, permanece en un plano superficial, como una concepción y una obligación impuestas, sin que éstas constituyan en sí un elemento clave para la asignación de recursos. Algunas de las principales barreras en este sentido son la falta de un análisis exhaustivo de las capacidades tanto de los titulares de derechos, y específicamente de las mujeres, como de los titulares de deberes, para su realización y protección; la falta de participación de todos los actores involucrados en el diseño de estrategias de desarrollo; la escasa voluntad de los titulares de deberes de actuar; y la escasez de mecanismos eficaces, transparentes y accesibles para rendir cuentas.

Afortunadamente, existe un esfuerzo cada vez mayor para aplicar los marcos normativos de los derechos humanos y de desarrollar  estrategias que no contengan únicamente un componente de género o políticas específicas para mujeres que aislan a los hombres sin tener en cuenta las relaciones de género.

Marta Mansilla

Departamento de Proyectos