‘Ciudadano Kane’, los Óscar y el desarrollo (y II)

La igualdad entre hombres y mujeres existe cuando ambos sexos son capaces de compartir por igual la distribución del poder e influencia, tienen igualdad de oportunidades para la independencia financiera a través del trabajo o por medio de la creación de empresas, existe igualdad en el acceso a la asistencia sanitaria, la educación y la oportunidad de desarrollar ambiciones personales, intereses y talentos. Además, comparten la responsabilidad del hogar y los hijos y están completamente libres de coerción, intimidación y violencia de género.

Y la igualdad de género también tiene beneficios sociales de largo alcance.

En 63 países entre 1975 y 1995, las ganancias en educación de la mujer supusieron la mayor contribución a la reducción de la desnutrición. La disminución de las brechas de género en la alfabetización también se traduce en menores tasas de infección por el VIH: actualmente las mujeres representan aproximadamente el 70% de todos infectados por el VIH en el África subsahariana. Según un estudio sobre 25 países en desarrollo, entre uno y tres años de escolaridad materna reducen la mortalidad infantil en un 15% (frente a 6% en el caso de la educación paterna). Los ingresos de las madres tienen un impacto 20 veces mayor en la supervivencia infantil que los ingresos de los padres. Los sistemas de agua y saneamiento controlados por mujeres son más sostenibles y eficaces que los controlados por hombres.

Los numerosos ejemplos de mujeres que trabajan en el campo del desarrollo y la cooperación en Europa sugieren, por otra parte, que las mujeres tienden a estar especialmente preocupadas con la reducción de la pobreza y la inversión en la capacidad humana.

La comunidad internacional ha asumido compromisos importantes con los derechos de la mujer y la igualdad entre mujeres y hombres, entre ellos la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Plataforma de Acción de Beijing, los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Mujeres, Paz y Seguridad.

Pero ¿qué podemos hacer como individuos?

Aquellos que trabajan en desarrollo se esfuerzan diariamente para dar más poder a las mujeres, educar a las comunidades y trabajar para mejorar las oportunidades para todos. Pero la promoción de la igualdad de género no está reservada sólo a las organizaciones de desarrollo. Cada uno de nosotros puede hacer pequeños cambios en su vida diaria. Podemos aprender sobre la historia de las mujeres. Podemos optar por trabajar para las organizaciones y empresas que realmente apoyan la igualdad de género en todos los aspectos de la vida laboral. Podemos donar a organizaciones que dan más poder a las mujeres. Podemos enseñar a los jóvenes sobre la igualdad de género. Podemos apoyar la creación de  refugios para mujeres maltratadas. Podemos apoyar a nuestros amigos varones que se quedan en casa para cuidar a sus hijos. Podemos escribir cartas a los periódicos locales y a las administraciones. Podemos dividir las tareas domésticas de manera justa con nuestras parejas.

Y, habiendo visto los clásicos, podemos ir al cine a ver películas con mujeres fuertes y respetables en papeles protagonistas.

Liz Chiappa

Departamento de Proyectos

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